sábado, 21 de noviembre de 2009

Una pequeña tristeza compartida

Me había equivocado y por eso estaba triste. Lo había hecho todo mal y ya no había solución. Ahora tenía que enfrentarme a una realidad a la que no estaba acostumbrada, una realidad desgraciada a la que yo había llegado sola.
En un instante lo vi todo claro: se lo contaría. Seguro que iba a ayudarme. Él me inspira confianza, y es más bueno que el pan.

Su reacción superó mis espectativas. Me apoyó con tal dulzura que tuve que hacer un gran esfuerzo por contener las lágrimas. Me emocionó verle así conmigo. Ya lo sabía: es más bueno que el pan.
Entonces sonó el timbre y me apresuré. Quería soltar las lágrimas que había guardado. Lloré en el camino, no sé si por la rabia conmigo misma o por la felicidad que me daba habérselo contado todo.
"¡Adelante, pequeña!¡Puedes hacerlo!¡No es más que la vida!"

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